¿Quién ha dicho que la clave está en las palabras?

Huella de carbono.

Posted in Uncategorized by nachoenfuga on 01/12/2017

Tocaba comprar zapatillas. Esta vez con clavos, porque tenía pensado volver al cross y casi debutar, a estas alturas, en la pista.

Tras un cibernético repaso al estado de la cuestión (marcas, modelos, características, precios,…) me dirigí a la tienda local y física de mi ciudad, donde la escasa oferta sólo me permitía elegir entre dos modelos, uno de ellos de marca española que fabrica y distribuye desde Toledo.

Desechados los dos modelos, volví a la Red a buscar (y encontrar) lo que buscaba, consiguiendo además una sustancial rebaja en el precio con motivo de la ¿celebración? del Cyber Monday, culminación de la otra gran ¿fiesta?, el Black Friday.

Y aquí estoy: esperando la inminente llegada de mi máquina de huellas, deseando marcar con ellas la tierra, la hierba y el tartán. Sin embargo, de momento, compruebo como efectivamente voy a dejar huella. Una gran huella. Una inmensa HUELLA… DE CARBONO.

Me cuenta puntualmente la empresa de paquetería que dejará  mi pedido en el domicilio indicado, el periplo que sigue mi paquete (adjunto foto, para que puedas comprobar que no exagero ni un poco). A saber:

  • Sale de Bélgica (sin especificar población).
  • Llega a Colonia, en Alemania.
  • De Colonia, viaja a la también alemana Frankfurt.
  • Llega a España, más concretamente a Benavente. Esta población zamorana no dispone de aeropuerto ni puerto de mar, por lo que, presuntamente, ha tenido que pasar por carretera por Burgos, donde espero el paquete.
  • De Benavente a Valladolid.
  • Calculo, quiero calcular, que desde Pucela partirá el viaje definitivo hacia Burgos. Y, una vez aquí, a mis pies.

Espero haber acertado con la talla elegida, porque tiemblo sólo de pensar que necesite medio número menos y que los  miles de kilómetros realizados por el producto se multipliquen por tres con la devolución del envío y la recepción del nuevo par. Creo que antes que eso suceda, aliño las zapatillas con caja incluida y me invito a cenar.

Contento tiene que estar el Planeta conmigo. Tan contento como estoy yo con mi irreflexiva contribución al cambio climático y a otras causas igual de perversas. Y una última pinceladita que sirva de corolario: si el producto (de una prestigiosa marca estadounidense de material deportivo) me cuesta cincuenta euros y eso incluye zapatillas, clavos, llave, bolsa portazapatillas y posibilidad de devolución y cambio gratuito…, ¿pensamos algo sobre la industria asiática en la que se producen las zapatillas?

Para echar a correr.

Aquí la prueba. La transparencia logística que agradezco y me sonroja.

el%20viaje%20de%20las%20zapatillas.JPG

 

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