¿Quién ha dicho que la clave está en las palabras?

Primavera (¿quién dijo astenia?).

Posted in Uncategorized by nachoenfuga on 21/03/2011

Puestos a conmemorar efemérides, ahí va un dos por uno. ¿No coincide hoy la llegada de la primavera con el Día de la Poesía? Pues eso.

Un poema triste con versos alegres. Muy contradictorio y primaveral.

¡Ojo! El vídeo enlazado es para escuchar. No pierdes nada si lo miras solo de reojo.



La otra efemérides también la he celebrado. Con los riñones.

Y para rematar físicamente el día… 11X200  (40s.)  r:45. ¿Quién dijo astenia?

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2 comentarios

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  1. chorlitejo said, on 22/03/2011 at 09:31

    ACELERANDO – JOSE HIERRO

    Aquí, en este momento, termina todo,

    se detiene la vida. Han florecido luces amarillas

    a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa

    cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento.

    Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia

    en la noche, jadeando en la hierba,

    trayendo en hilos aroma de las nubes,

    poniendo en nuestra carne su dentadura fresca.

    Y el mar sonaba. Tal vez fuera su espectro

    porque eran miles de kilómetros

    los que nos separaban de las olas,

    y lo peor, miles de días pasados y futuros nos separaban.

    Descendían en la sombra las escaleras.

    Dios sabe a dónde conducían. Qué más daba. «Ya es hora

    -dije yo-, ya es hora de volver a tu casa.»

    Ya es hora. En el portal, «Espera», me dijo. Regresó

    vestida de otro modo, con flores en el pelo.

    Nos esperaban en la iglesia. «Mujer te doy.» Bajamos

    las gradas del altar. El armonio sonaba.

    Y un violín que rizaba su melodía empalagosa.

    Y el mar estaba allí. Olvidado y apetecido

    tanto tiempo. Allí estaba. Azul y prodigioso.

    Y ella y yo solos, con harapos de sol y de humedad.

    «¿Dónde, dónde la noche aquella, la de ayer…?», preguntábamos

    al subir a la casa, abrir la puerta, oír al niño que salía

    con su poco de sombra con estrellas,

    su agua de luces navegantes,

    sus cerezas de fuego. Y yo puse mis labios

    una vez más en la mejilla de ella. Besé hondamente.

    Los gusanos labraron tercamente su piel. Al retirarme

    lo vi. Qué importa, corazón. La música encendida,

    y nosotros girando. No: inmóviles. El cáliz de una flor

    gris que giraba en torno vertiginosa.

    Dónde la noche, dónde el mar azul, las hojas de la lluvia.

    Los niños -quiénes son, que hace un instante

    no estaban-, los niños aplaudieron, muertos de risa:

    «Qué ridículos, papá, mamá». «A la cama», les dije

    con ira y pena. Silencio. Yo besé

    la frente de ella, los ojos con arrugas

    cada vez más profundas. ¿Dónde la noche aquella,

    en qué lugar del universo se halla? «Has sido duro

    con los niños.» Abrí la habitación de los pequeños,

    volaron pétalos de lluvia. Ellos estaban afeitándose.

    Ellas salían con sus trajes de novia. Se marcharon

    los niños -¿por qué digo los niños?- con su amor,

    con sus noches de estrellas, con sus mares azules,

    con sus remordimientos, con sus cuchillos de buscar

    bajo la carne. Dónde, dónde la noche aquella,

    dónde el mar… Qué ridículo todo: este momento detenido,

    este disco que gira y gira en el silencio,

    consumida su música…

    De Libro de las alucinaciones, 1964

  2. nachoenfuga said, on 22/03/2011 at 13:35

    Uffff


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