¿Quién ha dicho que la clave está en las palabras?

…NI PAZ ENTRE LAS CLASES

Posted in Uncategorized by nachoenfuga on 13/05/2010

Al hilo del post y de comentarios anteriores…

Ya tenemos al trabajador no público debatiendo con (o sobre) el trabajador público. La ficha amarilla debatiendo con la ficha azul. ¿No habiamos quedado en que había que morder el dedo que movía la ficha?

Desde un andamio diciendo que el profe de su hijo es un cabrón con tres meses de vacaciones. El administrativo de un hotel quejándose por el horario mejor del administrativo del Ayuntamiento. Una peluquera de Vallecas renegando de la peluquera senegalesa que recibe ayudas por ser una emprendedora extranjera y desfavorecida. Los gitanos de los mercadillos cagándose en los muertos de los chinos de los bazares. La funcionaria a la que no puedes contar chistes de funcionarios porque se los toma a la tremenda. El autónomo que se jarta de proclamar que ellos son los únicos que se dejan los cuernos para levantar el país. 

Y la casa sin barrer.

Y alguno descojonándose y recogiendo dividendos.

Estosololoarreglamosdándonosdehostiasentrenosotros.com

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4 comentarios

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  1. mosca cojonera said, on 13/05/2010 at 19:35

    Debatir es bueno. Lo malo es pelearse (entre las fichas)

  2. Adolfo said, on 13/05/2010 at 20:15

    El dedo hay que morderlo todos a la vez, siempre. El problema es que no nos cuidamos los dientes hasta que no nos sale una caries a nosotros en nuestra muela.

  3. nachoenfuga said, on 13/05/2010 at 21:54

    (…) las palabras entonces no sirven.
    Siento esta noche
    heridas de muerte las palabras”.

    R. Alberti.

  4. nachoenfuga said, on 14/05/2010 at 21:49

    Y vamos cayendo en uno de nuestros agujeros favoritos: el CORPORATIVISMO. Una ficha que se ve más redonda, más brillante y más deslizante que las demás. Esta vez, los funcionarios se mosquean con los no funcionarios. Por supuesto, seguramente que una buena parte de sus argumentos son tan ciertos como los esgrimidos en contra para darles tiza.
    Y alguno descojonándose de los trabajadores. De los públicos y de los privados.

    Aquí va un archivo que me acaba de mandar una funcionaria:

    Funcionarios públicos y sueldos congelados

    En 1956, Dolores Medio escribió “Funcionario público”, novela desgarrada
    donde se narran las penurias de Pablo Marín, funcionario atado a un sueldo
    mísero que malvivía en un cuartucho junto a su mujer.
    Tras las décadas siguientes de desarrollo, la figura del empleado público casi indigente,
    trasunto del cesante de novelón galdosiano, fue poco a poco hundiéndose en el olvido.
    Pero en los últimos días, la cloaca política y mediática neoliberal ha babeado de placer
    ante los ecos de una posible congelación salarial a los funcionarios. Sin embargo, nada
    sería más injusto que pasar la factura de la crisis a este colectivo.
    Así, en los momentos de hervor económico y ladrillazo, un encofrador podía duplicar el
    sueldo de un Técnico Superior de la Administración, y para conseguir que un albañil
    viniera a casa había, poco menos, que apuntarse en una lista de espera y cruzar los
    dedos.
    Mientras los funcionarios perdían poder adquisitivo y realizaban malabarismos contables
    con el sueldo, miles de paletos de eructo, puti club y caspa montaban una constructora y
    juntaban billetes de quinientos euros como cromos. Legiones de jóvenes abandonaban los
    estudios y dejaban sus libros escolares criando polvo mientras se pavoneaban en coches
    refulgentes… ¿los funcionarios? Unos “pringaos, hombre, unos “pringaos”… ¿para qué
    estudiar?, ¿para qué invertir?, ¿para qué innovar?…
    “España va bien”.
    Y mientras tantos celebraban sus ganancias entre cubatas, risas, rayas de coca y “España
    va bien”, miles de hombres y mujeres habían inmolado sus mejores años junto a una taza
    de café cargado, un flexo y un temario de oposiciones. Con los codos clavados en una
    mesa, viendo la vida desfilar a través del claroscuro de un ventanal, a la espera del
    momento crucial y temible de los exámenes.
    Pues bien, ahora resulta que, según los neoliberales, los efectos de aquellos excesos han
    de pagarlos los “privilegiados funcionarios”, precisamente el colectivo que apenas se
    benefició del auge económico y que, por supuesto, no provocó la crisis.
    Según ese planteamiento no pidamos cuenta a las entidades bancarias que prestaron
    dinero sin las debidas garantías. No pensemos que las ganancias obscenas de la
    especulación acabaron en paraísos fiscales. No indaguemos en ayuntamientos y
    comunidades que dilapidaron millones encargando obras absurdas que enriquecieron a
    empresarios. No, no… todo esto que lo paguen los funcionarios.
    Sí, los funcionarios, aquellos “pringaos” durante los años del falso esplendor económico.
    Sí, el juez que sacrificó como poco cinco años en una oposición terrorífica (aparte de los
    cinco de carrera) para ganar menos que muchos fontaneros. Sí, los miles de opositores
    que hubieron de recurrir al Lexatín, el policía que se juega la vida por mil quinientos euros
    mensuales, el auxiliar que no gana más de novecientos… ¡resulta que estos han de pagar
    la crisis y son unos “privilegiados”!
    Gustavo Vidal Manzanares es jurista y escritor


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