QUIERO VOLVER AL INSTITUTO
Bueno, mejor no. De volver, prefiero hacerlo a la Universidad.
El primer arrebato se debe a que llevo entrando unos meses en un blog que me parece algo a tener en cuenta desde el punto de vista personal pero , sobre todo, desde el educativo. Cualquiera que se haya encontrado en su vida profesional con adolescentes entenderá con facilidad el contenido de este post. Resulta que he enlazado en “Pásate por aquí. Merece la pena” el blog de Lucía Ordóñez.
Por lo visto (no la conozco de nada), es una profe muy 2.0 (no como yo, Adolfo) que vuelca en su blog los trabajos de los alumnos. Es cierto que no imparte una asignatura “tradicional” y que lo que el blog transmite será sólo una parte de su realidad profesional y de la realidad académica de sus alumnos, pero a mí me transmite muy buenas sensaciones. Aunque no sé si estaré acertado, la visita al blog denota buen rollo con los alumnos, motivación (de ella y del grupo), capacidad para conseguir que los chavales desarrollen todo su potencial (que parece y es enorme).
Es un blog que te reconcilia con la Enseñanza Secundaria y con el proceloso mundo de los trece años.
Xavi y Santi: entrad en el enlace y veréis a la futura competencia. El Oso de Plata de Berlín (el hijo del tuyo, Santi) del año 2020 será para alguno de estos chavales.
Gracias Javi, por estar tan bien enlazado (aunque con excepciones).

Buff… el otro día me dice mi santa que si me apetece prepararme las oposiciones a profesor de secundaria. ¿Qué he hecho yo a la humanidad para que se me quiera castigar, asesinar seis millones de judíos? Me parece muy loable el esfuerzo educativo pero si me enfrento a una recua de 20 treceañeros, por mucho que evalue constantemente los 2 meses de vacaciones, acabaría insultándolos.
Además, puaj, enseñar Geografía. ¿Qué, les enseño Garcia Bellido, Rafa Mas, Reclus?
Si yo pudiera volver a algún punto, volvería al colegio. Exactamente a pintar a dedo en el rollo de papel de estraza pegado en la pared del aula, bajo las ventanas.
Si los docentes tienen las vacaciones que tienen será por algo, que ningún patrón (privado o público) da duros a cuatro pesetas.
Y el planteamiento “¿Qué les enseño?” es el mejor. Que los profesores se planteen cada curso, cada evaluación y cada día que enseñan a los alumnos. La duda y la reflexión es lo que deberíamos enseñar.
Conseguir que los cahavles piensen debería ser el gran (y único, si me apuras) objetivo del docente. Del que da matemáticas, plástica, geografía o tecnología de los alimentos. Si el objetivo se consigue, llegarán por sí solos a Reclus, a Martínez de Pisón y a crear ellos mismos más Geografía.
Échale huevos y presentate. O mejor aún, manda el curriculum a algún centro del Opus y convierte el proyecto Genia en el centro de tu discurso. Cuando te las tires a todas (madres y monitoras incluidas, nos cuentas la experiencia.
Gracias, Nacho. Es difícil ver que alguien comprende las vacaciones del docente.
En cuanto a lo de enseñar a pensar… Se intenta y lo conseguiremos, desde bien pequeños. “Sólo” tenemos que ganar la batalla al desinterés general, al menosprecio social hacia nuestra labor (muchas veces desde la propia familia) a los videojuegos, a la televisión y a todos los aparatitos que promueven actuaciones compulsivas.
Como ves, lo tenemos fácil
Por cierto, Spanjaard, échale huevos y preséntate. En el fondo, merece la pena trabajar con chavales de Secundaria. Y este último no era un comentario irónico.
You are a filthy bunch of bastards. Eso es lo que you are.
We love you so much, too. Teacher.